jueves, 8 de marzo de 2007

Instinto de supervivencia (o, quizás te mate el pancito)

Cruzar la calle en la ciudad de Buenos Aires puede resultar una aventura singular digna de Julio Cortázar.

El peatón -hombre o mujer, adulto o niño- llega medio desprevenido a la esquina. En su boca ya paladea el sabor del pan tibio de la panadería de la otra cuadra. El mejor pan del barrio, indudablemente. El pan más sabroso, el más crujiente, el más dorado. Mira hacia ambos lados (así nos lo enseñaron en la infancia, así se hace en cualquier otra parte del mundo), confirma que ningún vehículo se acerque, coloca un pie sobre la senda peatonal y ¡zas! ¿Éste de dónde salió, si el semáforo le está dando paso?

Retorna el peatón su asustado pie a la vereda. Se seca el sudor de las manos en el pantalón. Milonguitas va a comprar. Las milonguitas de esa panadería son incomparables.Vuelve a mirar. Un lado, el otro. Nada.

El pie derecho intenta acomodarse sobre la línea blanca de la calle. ¡Zum! ¡Una cuatro por cuatro negra, vidrios polarizados, bailanta a todo lo que da!

Regresa el pie timorato a su refugio del cordón de la vereda. El peatón decide tomarse su tiempo. Mientras planifica su merienda de pancitos humeantes, con manteca y miel, evalúa el corte del semáforo, la distancia de una esquina a la otra, los posibles autos a doblar, saca cuentas apresuradas para descubrir las variables de velocidad de un vehículo, de una moto y/o de un transeúnte desatento y vacila, determina, duda. Sobre todas las cosas, duda si cruzar ahora o no cruzar.

Finalmente se decide. Junta todo su valor. Una buena milonguita bien justifica la hazaña. Entonces intenta su pie izquierdo iniciar esta cruzada .y se envalentona. ¡Allá vamos!, piensa el peatón y casi casi se olvida de echar un vistazo de último momento.

- ¡Idiota! ¡Prestá atención!- le recrimina el indignado conductor de un fitito colorado. Y es que casi se lo lleva puesto.

El peatón se echa atrás una vez más. Sus dos pies ocupan el cordón de la vereda. y entonces el buen hombre reflexiona un instante. ¿No será mejor comprar el pan en la panadería de la vuelta? Al fin de cuentas, es un poco gomoso, es cierto, pero tan malo, tan malo, no es.