martes, 20 de febrero de 2007

Sobre la utilidad de pagar un sistema de alarmas y sobre las enseñanzas que nos brindan los así llamados servidores públicos

Son las seis de la mañana. Suena el teléfono.

- La puta madre: está sonando la alarma de la fábrica.

- ¿Y ahora?

- Hay que esperar. Ya fue la cana.

La pareja se viste a las apuradas. Está por salir de la casa. Los detiene otro ring .

- ¿Y?

- No hay nada.

- Menos mal.

Otra vez el teléfono.

- ¿¡¡Ahora qué!!!??? - Son las seis y cuarto. La pareja ya no sabe si salir o no salir.

- Es Romi. Está en la remisería. Ahí le prestaron el teléfono. Dice que estaba poniendo la llave en la cerradura, cuando le saltó un tipo desde el balcón. "Desaparecé o te mato", le dijo y se fue corriendo..

El hombre llama a la comisaría. "Que no entre si la policía no llegó. Que es muy peligroso. "

El patrullero llega pronto. Un oficial ingresa en la fábrica con movimientos robados de una película de Hollywood. El hombre va detrás. Antes de acceder a la puerta, mira los pies del ladrón marcados en la pared, igual que el camino de la langosta que entra de zopetón en el hormiguero.

- La puerta no fue forzada.- Dice el cana.

- Y no.- Responde el hombre.- Si entraron por el balcón.

El policía verifica, arma en mano, el recorrido de los cacos: se introdujeron por la ventana de la cocina . Con una barreta rompieron la puerta e ingresaron en el sector de los escritorios. Forzaron la cerradura del cajón, sustrajeron todo el dinero, rompieron los lockers de las empleadas, no se llevaron nada (aparentemente), volvieron a la cocina, tomaron el microondas, saltaron y huyeron.

- Tuvieron suerte.- Expresa el hombre de la ley. - Les dejaron las computadoras. - Guarda el arma y se va.

Asunto terminado.